EL «JUICIO» POLÍTICO DE JESUCRISTO

EL JUICIO POLÍTICO DE JESUCRISTO

 

Cuando Cristo apareció a la vida pública en Judea; Samaria y Galilea, el pueblo judío tenía mil cuatrocientos ochenta años de haber salido de Egipto y cuarenta de ser conquistados por el Imperio Romano.

El Israelita, un pueblo fundamentalmente religioso, cual era gobernador Poncio Pilatos, quien fue nombrado por el César a ese encargo. Gobernador deshonesto, injusto y explotador de la nación hebrea.

El consejo supremo de los judíos; el Sanedrín, compuesto de setenta y un miembros dedicados a los asuntos políticos y de religión de las tribus de Israel. Estas extremadamente nacionalistas.

Jesucristo, hombre de letras, con linaje de profeta e inspiración divina. de origen humilde, conocía con perfección las desigualdades económicasy el uso de la religión para el sostenimiento de los privilegios sociales y la ferocidad, acecho y complicidades del imperialista romano con las autoridades de su raza.

El sistema jurídico israelí estaba condicionado, circunscrito o reservado en ciertas áreas de la jurisdicción romana, la pena de muerte era facultad exclusiva del Cesar o sus pretores o presidentes de provincia.

Cuando Cristo, el galileo fue aprehendido en el monte de los Olivos, por soldados romanos y por guardias de los sacerdotes, guiados por Judas Iscariote, tesorero de los apóstoles y amigo del maestro, Jesús el Nazareno.

Judas, hombre radical y fundamentalista, donde la traición fue consumada, independientemente de su personal motivo.

Jesucristo, renuncio a la violencia, desistió a la confrontación, dijo no a las armas y se entregó en testimonio de que su reino no es de este mundo.

Todos sus amigos y discípulos corrieron, lo dejaron solo, en la soledad de su Padre, las espadas entre el temor y el odio brillaron en manos de sus opresores. De los amigos de Jesús, no quedó ninguno, perplejos, asustados y confundidos corrían por el miedo de ser alcanzados y entre sollozos volteaban hacia atrás, mirando con coraje su impotencia entre el adversario veían a su maestro y este no quería que se defendieron.

Jesús el Nazareno, solo y sabiendo de antemano cuál era su fin, lo encaminaron a la casa del jefe de los sacerdotes, lo interrogaron en privado, lo golpearon y se burlaron de Él.

En tres años de decir la verdad y comunicarse en los desposeídos y los pobres, había enloquecido a las autoridades religiosas.

Testigos y testimonios falsos, intrigas y calumnias, envidias y enconos a un hombre hijo de un carpintero y de una madre “que una espada le atravesó el corazón”. Eran los días del triunfo del reino de las tinieblas.

Juan y Pedro, observaban la farsa, “y la piedra sobre la que construyó su iglesia” y todas las demás que existen en relación con Cristo, lo desconocieron y lloraron. Sus llantos se escucharon en lo más recóndito de la bóveda celestial.

“¿Dinos si tu eres el Cristo, si tu eres el hijo de Dios?”. En su ceguera, pueblo, anciano y sacerdotes, dictaron su sentencia, Crucifixión.  No habían transcurrido doce horas, desde su aprehensión al fallo del consejo supremo.

Pilatos, tenía temor y se lo mando a Herodes y éste quería conocer al hombre, no al Mesías, no al hijo de Dios, quería conocer al “instigador”, al “revoltoso”, al amante de los pobres, al hacedor de milagros, al popular de su tiempo y Jesús con infinita misericordia, no le contesto y Pilatos se burló de Él y lo trató con desprecio.

En manos de Pilatos, todo fue un juego de mascaradas y cínicos odio. No había mayores complicaciones, se trataba de alguien que hasta los suyos lo habían abandonado y Pilatos se lavo las manos, costumbre judía para lavarse los pecados y fingiendo verse presionado, lo entregó bajo el grito de “Crucifícalo” “Crucifícalo” y se le crucificó al lado de dos bandidos de la época.

Todo aconteció en un periodo menor de veinticuatro horas y el día se oscureció al filo de mediodía, a las tres de la tarde, que fue cuando fue asesinado con una farsa llamada Juicio.

 

 

 

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